Viaje al origen de mi rebeldía (¿o de mi locura?)
El Furibundo (Autobiografía excesiva) La primera vez que hice conciencia de que estaba en este mundo, hallábame sentado en lo que parecía el patio frontal de una humilde construcción hecha de madera y láminas de zinc (lo extraño es que estaba ubicada en el centro de aquella aldea-ciudad en la que habitábamos en ese momento y en la cual había nacido yo) comía tierra sin ningún remordimiento, cuando alguien parecido a mí, pero bastante más viejo, me ordenó que no comiera tierra. El tono amenazante de aquella orden me hizo obedecerla de inmediato, pero permanecí sentado en el mismo lugar a la espera de que aquel inoportuno personaje continuara su camino y así poder continuar con mi exquisito banquete. Lo tenía vigilado por el rabito de ojo; quería desobedecer aquella orden en el momento preciso en el cual él dejara de vigilarme, pero mi fama me había delatado y cuando creí el momento exacto, mi mano en un celaje casi (Casi) imperceptible, me entregó un exquisito bocado de tier...